Tuesday, October 18, 2011

EL ULTIMO VIAJE DE COLON A VENEZUELA


Mientras el mundo entero festejaba la hispanidad por la llegada del Almirante Cristobal Colón a la tierra de Gracia, vino a mi mente el recuerdo de varios años atrás, cuando el presidente de Venezuela descubrió que la tierra era redonda y ordenó borrar de un plumazo el antes conocido Día de la Raza y celebrar desde ese momento el Día de la Resistencia Indígena. Ese día el odio de sus hordas salvajes no se pudo contener, la estatua del intrépido navegante señalando el horizonte de Caracas fue tumbada de su pedestal, destruida sin misericordia y la plaza manchada con pintas pidiendo un juicio popular al genovés por genocidio.
Ahora la revolución, lleva al Panteón Nacional las cenizas simbólicas del Cacique Guaicaipuro y las calles, plazas y paseos que llevaban el nombre de Colón, se llamarán de ahora en adelante, Tamanaco, Paramaconi, Terepaima, Tiuna, mientras los hambrientos aborígenes venezolanos, ante la manifiesta desidia gubernamental, emigran a las grandes ciudades de todo el país, para pedir limosnas en las esquinas de las principales avenidas, resistiéndose con este oficio a morir desamparados.
Pésimo viaje le tocó vivir al Almirante en ese infierno bolivariano llamado Venezuela, verguenza ajena sentimos al releer la carta de Colón a los Reyes Católicos de España donde informa que: “yo muy asentado tengo en mi ánima que allí donde dije, en Tierra de Gracia, se halla el Paraíso Terrenal.
Actualmente el presidente Chávez, acompañado por el ministro del Poder Popular para la Agricultura y Tierra, realiza recorridos por las paradisíacas provincias venezolanas en busca de predios “recuperables.” De esas expediciones recordamos una realizada un 12 de octubre. Al llegar el grupo a una extensa pradera, el ministro alborozado grita: tierra, tierra mi comandante, todas las hectáreas están sembradas de maíz, frijoles, sorgo, frutales y en los potreros hay más de 5.000 cabezas de ganado. El ministro le revela al comandante el secreto que un viejo marinero le confió a Colón: “un nuevo cielo y tierra varias tales que nunca los hombres pensaron imaginarlas,” a lo que Chávez rápidamente agregó: ¿ y qué estás esperando Elías? …¡exprópialas!

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