Thursday, March 16, 2017

MORIR POR LA ARMONÍA DEL PLANETA


                                                                   


El noble oficio de protector del planeta se ha convertido en una de las tareas más riesgosas del mundo. Hace un año en Honduras fue asesinada la ecologista Berta Cáceres, quien fuera galardonada con el Goldman Environmental Prize, premio dedicado a exaltar la labor ambientalista a nivel mundial. Su muerte no ha sido esclarecida y engrosa la lista de los que pierden la vida por defender el ambiente. De los ecologistas asesinados, el 60% eran latinoamericanos y el 40 % indígenas que murieron resguardando sus sagrados y legítimos territorios llenos de costumbres ancestrales.
Las poderosas compañías multinacionales, con el visto bueno de los gobiernos locales y asistidas por sicarios armados, son las grandes responsables de la destrucción del medio. Las altas cotizaciones en el mercado minero, han hecho que las empresas aumenten la búsqueda de yacimientos en parajes vírgenes con la consecuente contaminación. Lo mismo ocurre con las construcciones de centrales hidroeléctricas, la tala ilegal de bosques para la explotación maderera y la posterior transformación de esos terrenos devastados en cultivos industriales.
En Brasil, el 22 de diciembre de 1988, fue asesinado a sangre fría Chico Mendes, el defensor del bosque tropical más extenso y pulmón vegetal del planeta. Mendes, el gran soñador del Amazonia, fue protagonista de documentales, premio Global 500 por la ONU, medalla de la organización Better World Society y merecedor de reconocimientos y homenajes.
Cuando un ambientalista muere, el firmamento se estremece, la tierra arde, los glaciales se derriten y sube el nivel del mar. Cada vez que asesinan a un ecologista, los bosques languidecen, los ríos se marchitan, se silencia el rugido de las fieras y los pájaros dejan de emigrar. Cuando por defender la armonía del planeta, un ambientalista muere acribillado, se ajusticia al ojo protector del universo.

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