Monday, April 11, 2016

LA INVASIÓN A CUBA

                                     




No serán los marines desembarcando en las playas de Varadero, ni los aviones Hércules lanzando paracaidistas en la Sierra Maestra, tampoco se escucharán los misiles silbando sobre los cielos de La Habana para ultimar el castrocomunismo; no habrá guerra convencional ni mucho menos asimétrica. La invasión norteamericana será silenciosa y sin disparar un sólo tiro. Las fragatas atómicas no atacarán y para fortuna de las paupérrimas arcas cubanas, cruceros de lujo irrumpirán en el puerto con legiones de turistas gringos, quienes eufóricos beberán mojitos, consumirán lechón y fumarán habanos. De las bases aéreas  estadounidenses despegarán miles de vuelos portando cargamentos de franelas y pantalones estampados con la bandera norteamericana. Como segunda parte de la estrategia, las hamburguesas penetrarán los paladares y la Coca Cola asediará los tragos de la popular cuba libre. Los peloteros no serán considerados espías costeados por el régimen cubano pues cobrarán en dólares, las redes sociales conquistarán puntos estratégicos y la empresa privada asediará los espacios derruidos. Después de décadas de aislamiento y guerra fría sin ningún resultado, el imperio utilizará nuevas tácticas de penetración, intentando instaurar el capital, la libertad y los derechos que el oprimido pueblo cubano perdió.

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